“La cocha de su madre”, pensó primero y balbuceo después, disociando la idea de la chuchada para disfrutarla mejor. El mensaje de Alicia, la cuica de la que El Mosca andaba enamorado, le encendió todas las ansiedades. Su amigo estaba en Santiago en algún lugar del barrio Patronato, escondido y esperando que lo ayuden a librar de unos matones que lo andan buscando para cobrarle sangre. Ernesto Solé estaba de cumpleaños, y empezar el día con un aviso de muerte no entraba en su idea de festejo. Ir al centro a encargar la mercadería para la próxima marea, pasar después por la caleta para tomar unos mates con los colegas, pasar a dejarle un paquete de chicharrones al Flaco Almarza y tomar una cañita de aguardiente con él, después dormir una siesta para recuperar fuerzas y estar listo para la cita con Andrea; una cita especial en ese restorán bonito de Isla Negra, la primera cita como pareja normal frente a la sociedad. En cambio, tendría que salir con urgencia hacia la capital para ...
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